Abandono
Hay veces que la enfermedad parece estar tan lejos pero hay cosas que nos hacen recordar no es así. Mi madre mencionó por el teléfono, no hace muchos días que si mi padre estuviera vivo, estaríamos preocupados por él, pues su avanzada edad sería algo complicado.
Supongo que fue eso lo que me hizo recordar cuando le pregunté a mi padre cómo su padre había muerto. “Por pendejo…” me respondió. “Se había enfermado y el doctor le dijo que tenía que tomar solamente agua previamente hervida… y no. Él no hizo caso.”
Ese comentario como que me sigue. En el fondo, como esas cosas que siempre están pero de repente las notás. De vez en cuando, me vuelvo consciente de que mi padre hizo tal comentario y quedo sin saber cómo reaccionar.
Ahora que mi padre ya no habita esta tierra siento que es imposible recordarme de algo malo sobre él. Esto me hace difícil creer la manera en la cual mi padre había dicho “por pendejo.” Vale la pena mencionar que mi abuelo murió cuando mi padre tenía 16 años. Con honestidad no sé cómo era la relación entre mi abuelo y mi padre, pero ese comentario siempre me hizo pensar que mi padre lo resentía. Lo había dejado siendo el hermano mayor de lo que creo que eran seis hermanos (la verdad siempre se me olvida cuantos tíos y tías tengo), en plena guerra mundial y bajo el mandato inglés. No se necesita más que ese abandono y la forma en la cual había respondido tal pregunta para concluir que mi padre resentía a su propio padre.
Cuando apenas tenía catorce años, mi tía (que era como una madre para mí) fue violentamente removida de mi existencia. La tristeza es prima del odio, pues recuerdo tener fantasías de lo que les hubiera hecho si los hubiera encontrado. Un rencor que te consume tanto que cuesta hasta reconocer que habita en tu corazón. Me pregunto si mi padre sentía tal rencor a su propio padre. Fue su propio padre que le quitó su padre. Fue su padre el culpable y nadie más de la soledad que sintió. Del miedo y de la incertidumbre. No sé si es posible sentir algo así de fuerte por tanto tiempo en contra de su mismo padre.
Nunca sabré si mi padre realmente le guardaba rencor a mi abuelo. Nunca sabré si mi abuelo realmente se murió de cólera o del agua sin hervir. Nunca sabré qué se siente tenerle rencor a su progenitor. Nunca sabré si mi padre hubiera sobrevivido esta enfermedad que actualmente aterroriza a la gente. Pues ambos hombres ahora habitan no sobre esta tierra sino por debajo de ella.
Estas parecen ser las cosas que pasan por la mente de uno al esperar que pase la pandemia. Estas parecen ser las cosas que uno recuerda al estar entre cuatro muros por tanto tiempo. A uno solo le queda especular no solamente sobre las pandemias actuales, sino sobre las anteriores también.